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SERVICIOS SOCIOCULTURALES Y A LA COMUNIDAD - BURGOS

ANIMACIÓN DEL OCIO Y TIEMPO LIBRE

ANIMACIÓN DEL OCIO Y TIEMPO LIBRE

Actualmente estamos trabajando la animación en las distintas etapas del desarrollo humano: animación en la infancia, animación juvenil, animación de adultos y animación en las personas mayores; y el ocio de las personas que sufren alguna discapacidad.

Para todo ello estamos analizando las características físicas, psíquicas y sociales de stos colectivos y los recursos de ocio y tiempo libre.

 

En este segundo trimestre los/as alumnos/as están llevando a cabo distintos talleres:

  • Taller de globoflexia
  • Taller de bailes
  • Taller de actividades deportivas
  • Taller de máscaras de escayola
  Hemos realizado una visita a APACE (Asociación de Parálisis Cerebral) para conocer su funcionamiento y nos han ofertado la posibilidad de efectuar el próximo curso escolar la FCT (formación en centros de trabajo), en esta entidad. 

Asimismo los alumnos/as intervendrán como ASC en un IES de la ciudad en su semana cultural. Esto incide en uno de nuestros objetivos: el de animación juvenil.

ATENCIÓN UNIDADES DE CONVIVENCIA

ATENCIÓN UNIDADES DE CONVIVENCIA

ATENCIÓN A UNIDADES DE CONVIVENCIA.
 
            En este módulo estamos viendo las unidades de convivencia generadas por la sociedad.
            Las principales son:
-Centros residenciales
-Centros de día.
-Viviendas tuteladas o de apoyo.
-Centros de Atención especializada y casas de acogida.
-Centros de internamiento.
            En función del colectivo que alojan pueden ser para la tercera edad, para discapacitados, para personas con problemas de salud mental, para menores, mujer, toxicómanos, etc.
 
            Los alumnos están localizando por grupos, páginas web de interés de las distintas unidades de convivencia en todo el territorio español.
 
Algunas de ellas son:

 

DESARROLLO COMUNITARIO

DESARROLLO COMUNITARIO

Desarrollo Comunitario en Burgos

En este segundo trimestre hemos decidido estudiar las posibilidades de la animación en Burgos desde la actividad llevada a cabo por las diferentes instituciones PÚBLICAS, PRIVADAS O SOCIALES que formulan el Desarrollo Comunitario en su ámbito de actuación.
A este efecto dividimos la clase en seis grupos que estudiarán las competencias, proyectos, financiación y responsables que ejercen su cometido en las diferentes administraciones públicas, asociaciones, departamentos de entidades privadas, fundaciones, ONGs, empresas del ramo, etc.
El resultado final habrá de presentarse en forma documentada a la vez que se explicará en exposición multimedia en el aula.

El propósito de esta noticia introductoria es, a su vez, la de dar pie a las diferentes colaboraciones de cada uno de los seis grupos que nos contarán semanalmente el progreso de su ejercicio.

ORGANIZACIÓN Y DINÁMICA DE GRUPOS

ORGANIZACIÓN Y DINÁMICA DE GRUPOS

 ORGANIZACION Y DINAMICA DE GRUPOS

Actualmente estamos trabajando, en este módulo, la estructura de la personalidad desde el paradigma, que es como decir, desde el planteamiento teórico que nos aporta el Análisis Transaccional.

El Análisis Transaccional supone, posiblemente, una de las contribuciones más actuales de la psicología (aunque no sea tan reciente, su planteamiento original surge en los años sesenta), pero además, constituye una herramienta potente y sencilla a la hora de podernos conocer mejor, y así poder abordar con mayor validez y fiabilidad la dinámica que se desencadena en los distintos grupos humanos que, al fin y al cabo es la  ”materia” con la que ha de trabajar un animador sociocultural.

Todo esta dimensión teórica, también podremos observarla y contrastarla en vivo y en directo, a partir de la ocasión que se nos brinda de colaborar con la semana cultural de un I.E.S.de la ciudad y actuar como animadores socioeducativos con grupos de chavales de 1º,2º,3º y 4º de la ESO.

Por otra parte, tenemos en marcha sencillos trabajos, en equipo, de investigación sobre las Teorías y vida de aquellos “ Padres” que alumbraron nuevas contribuciones a la Psicología Social y de Grupo, como son : K. Lewin, C. Rogers, J.L. Moreno y R.F.Bales

M.I.S // C.M.I.S.

M.I.S // C.M.I.S.

M.I.S  /C.M.I.S

 

Durante este segundo trimestre los alumnos de los Ciclos Formativos de Grado Superior Integración Social y Animación Sociocultural trabajarán conjuntamente en la elaboración de Proyectos de Intervención Social con diferentes sectores de población: personas mayores, personas con discapacidad intelectual, inmigrantes, medio ambiente, personas con parálisis cerebral, enfermos de alzheimer, personas con autismo...

Son ellos quienes han elegido el colectivo con el que quieren trabajar.

Los grupos de trabajo están formados por ambos perfiles profesionales: Técnicos Superiores en Integración Social y Animación Sociocultural para un mayor enriquecimiento de ideas, experiencias, opiniones, conocimientos...

En principio tendrán que conocer la realidad del colectivo por medio de entrevistas a profesionales de asociaciones que trabajan con este sector de población y mediante la consulta a otras fuentes de documentación.

Posteriormente elaborarán en base a convocatorias reales  un Proyecto de Intervención, con el fin de dar respuesta a las necesidades de dicho colectivo.

Por último expondrán y defenderán  en el  grupo de clase dicho Proyecto de Intervención.

   Laughing

S.A.C                                          Durante este segundo trimestre de curso  la actividad principal consistirán en que los alumnos trabajarán en pequeños grupos  el Sistema Nervioso, Sistema Auditivo, Sistema Visual, Sistema Táctil, y Bucofonatorio.

Cada alumno podrá elegir el tema que prefiera trabajar.

El profesor aportará a cada grupo de trabajo información sobre el tema y aporte bibliográfico, además ellos deberán consultar otras fuentes de información para ampliar contenidos.

Una vez  finalizado el trabajo de investigación y análisis tendrán que exponerlo al grupo de clase.

Este trabajo nos aportará los conocimientos necesarios para trabajar posteriormente las causas y característica de los trastornos que afectan a la comunicación y al lenguaje

ANIMACIÓN CULTURAL

ANIMACIÓN CULTURAL

En esta asignatura, que en los Ciclos Formativos llamamos módulo, los objetivos que perseguimos son los siguientes: CAPACIDADES TERMINALES –OBJETIVOS GENERALES  Y OBJETIVOS OPERATIVOS

Conocer de forma comprensiva y valorar críticamente las instituciones relevantes, contextos característicos y campos de animación en el ámbito cultural. Distinguir las diferentes parcelas de la actividad del entorno local en las que  se manifiesta la cultura, describiendo sus modalidades y sus usuarios. Obtener información-documentación de su contexto sociocultural a través de sus instituciones formales e informales y las propuestas que éstas generan. Recoger impresiones, comentarios, propuestas, peticiones y críticas de los usuarios y colectivos que generan y consumen cultura.Valorar utilizando técnicas de evaluación pluripersonales la labor realizada en los anteriores objetivos. Analizar los recursos de animación, valorando las posibilidades de utilización para el desarrollo de proyectos de animación cultural. Inventariar los recursos culturales que utilizan las Administraciones más cercanas al alumno: Ayuntamiento, Mancomunidad, Diputación Provincial. Trabajar el mapa futurible de posibles recursos no utilizados pero con posibilidades de uso para nuestros objetivos.Comparar los diferentes usos de medios afines según de donde provenga la iniciativa. Recopilar información sobre las distintas modalidades de recursos culturales y su posible aplicación en los diferentes contextos de animación. Desarrollar y evaluar proyectos de animación cultural, adecuados a la dinámica interna de un grupo dado en un contexto de intervención determinado .Analizar críticamente los recursos estudiados según la propuesta anterior desde el punto de vista de una Evaluación de Diseño.Estudiar los proyectos más significativos de su entorno cercano. Proponer mejoras a los proyectos estudiados mediante la recopilación crítica de propuestas y alternativas de usuarios, técnicos y políticos. Adecuar a los usos alternativos de objetivos anteriormente vistos las propuestas de mejora obtenidas.

LA COMUNIDAD; ELEMENTOS QUE LA CONFIGURAN. AGENTES DE DESARROLLO COMUNITARIO

LA COMUNIDAD; ELEMENTOS QUE LA CONFIGURAN. AGENTES DE DESARROLLO COMUNITARIO

- ELEMENTOS QUE CONFIGURAN LA COMUNIDAD

La palabra “comunidad” está de moda. Se habla de la comunidad europea, de la comunidad francófona, de la comunidad negra de Nueva York, de una comunidad religiosa, de una casa comunitaria... Un concepto de uso tan múltiple corre el riesgo de ser inutilizable. Por tanto, si queremos adoptarlo y emplearlo científicamente, tendremos que definirlo con rigor. Para conseguirlo se mantendrán tres características principales.

1. La comunidad se inscribe en el espacio, es un territorio.
Constituye el conjunto de las personas que viven en un terreno geográfico determinado, que varía en función de la finalidad por la que se cotemple, así como la finalidad por la que se establecen los límites. La extensión del territorio puede variar, en la mayor parte de los casos, coincide con una región o con una concentración y comprende varias colectividades locales: aldeas cuando se trata de una región rural, barrios cuando se trata de una región urbana.
2. El conjunto de las personas
que viven en este territorio mantienen unas relaciones múltiples y tienen entre ellas numerosos intereses comunes. Su comunidad les ofrece lo esencial de las prestaciones sociales necesarias para la vida. Las relaciones pueden ser tanto de vecindad como de trabajo o de ocio. Los intereses comunes pueden referirse a la calidad de los servicios públicos, a las oportunidades de empleo o a la victoria del equipo de fútbol. Las prestaciones sociales son tan variadas como la enseñanza, la sanidad, el correo o las líneas de autobuses... Este tejido de relaciones, de intereses y de prestaciones que rodea a la persona puede distinguirse de las relaciones que ligan a esta misma persona con unas entidades más amplias. Así, el miembro de una comunidad, puede pertenecer también a una nación, a una Iglesia, a un partido o a un sindicato cuya organización supera la religión.

El tejido social que establece la comunidad no excluye en absoluto las discrepancias y los conflictos entre los miembros. Si hay unos intereses comunes, hay también otros que no son divergentes. En el seno de la comunidad encontramos, pues, clases, opiniones, barrios o habitaciones, generaciones, grados de riqueza o de pobreza distintos. Sería erróneo abordar la comunidad como si fuese siempre una realidad armónica y equilibrada. es importante tener presentes las diferencias y los rasgos homogéneos, tanto por el factor de identificación interna, como el de separación de los límites frente a otras comunidades.
3. Conciencia de pertenencia
Sin embargo, los miembros están unidos a su comunidad. Se identifican con ella, las personas del exterior les reconocen como pertenecientes a la misma. La identificación más universalizada es con respecto a la localidad de nacimiento y residencia, fundamentalmente en el periodo vital en el que más hayan influido las vivencias y experiencias, ya sea obrero, empleado o patrono, tiene allí sus raíces. Esos lazos afectivos, ese sentimiento de pertenencia, forman pues la tercera característica de una comunidad.

La comunidad se distingue de una asociación no sólo por su enraizamiento territorial sino también por la multiplicidad y la globalidad de las relaciones que allí se mantienen. Las asociaciones (como, por ejemplo, las cooperativas, los sindicatos, grupos de ocios, etc.) persiguen unos fines específicos. En la comunidad se comparten muchos rasgos e intereses y el grado de pertenencia vendrá establecido por: la capacidad de respuesta a las necesidades, la integración socioafectiva, la vinculación a los medios de vida...

Para completar el análisis será útil distinguir entre comunidades “tradicionales” y comunidades “modernas”. Se trata de dos tipos ideales que, pese a su aparente simplicidad, ofrecen una interesante herramienta heurística.

La comunidad tradicional, tal como existe en las regiones rurales del Tercer Mundo, se definen por sus fronteras. Cada miembro conoce muy bien esta frontera, que rara vez cruza. Allí pasa la parte esencial de su vida, predominan las relaciones afectivas y constituyen, por lo general, comunidades cerradas.

La comunidad moderna, tal como la encontramos en las grandes ciudades, se define por su centro: edificios públicos, almacenes, teatros, cines. La gente acude con frecuencia a ese centro pero no conoce bien las fronteras de la comunidad.

En la comunidad tradicional, los lazos personales y las relaciones de vecindad y de conocimiento forman su tejido básico. La gente conoce las múltiples facetas de la vida de los demás: su trabajo, su familia, su ocio, los hechos gloriosos y vergonzosos de su historia.

En la comunidad moderna los lazos personales se debilitan. Los vecinos de piso en un mismo inmueble pueden ignorarse. Las relaciones se hacen funcionales: sólo conozco al cartero en su función de distribuidor de la correspondencia, no sé si está casado, si tiene hijos, si es feliz en su matrimonio. En este contexto, el tejido básico de la comunidad está más bien constituido por equipamientos, por servicios comunes y por un entorno simbólico como monumentos, edificios prestigiosos o espacios de convergencia (tal plaza, tal calle, el bulevar...).

Los estudios de comunidad forman una de las ramas clásicas de la sociología, fueron lanzados por la Escuela de Chicago en los años veinte. Ahora, una bibliografía sobre ello comprende centenares de títulos. Se trata esencialmente de monografías que exponen los componentes múltiples de una aldea, de un barrio, de una ciudad, de una etnia, con harta frecuencia mediante un enfoque multidisciplinar en donde tienen su lugar la historia, la antropología, la sociografía, la psicología social y la geografía. Para el Desarrollo Comunitario, el análisis e investigación empírica de los elementos descritos, es obligado para perfilar los límites de la comunidad de referencia adecuada y certeramente, ya que las características y rasgos generales difícilmente se expresan en colectividades heterogéneas y con interacciones muy mediatizadas, como las de las ZAS en las que actúa el animador comunitario. La gestión globalizante que la caracteriza muestra muy bien los diferentes aspectos de una sociedad, la manera en que éstos se articulan y determinan la existencia colectiva e individual. Pues no hay acción posible sin este descubrimiento previo.

Los estudios de comunidad se construyen como un rompecabezas. Los diferentes elementos del conjunto son primero explorados en sus perspectivas históricas y sociológicas, después ajustados unos a otros. Más tarde se lleva a cabo una investigación de control para comprobar si han quedado bien establecidas las relaciones de interdependencia. La investigación puede interrumpirse en cuanto ya no oscile la imagen.

Comunidad y Acción

Al buscar la dimensión óptima para realizar la acción, nos vemos obligados a distinguir entre dos unidades de diferente tamaño:

1. La comunidad propiamente dicha, tal como ha sido asimilada en una región o en una concentración. Así entendida, puede situarse en una curva desde algunas docenas de millares a uno o varios millones de habitantes.

2. La colectividad local que se identifica como una aldea, con un barrio, un vecindario.

Optamos por una u otra unidad según las posibilidades de disposición de los líderes-agentes, de equipamiento, de medios materiales que nos permiten concebir un programa autónomo y realizable. Cuantos más recursos podemos movilizar, más cerca podrán estar de los ciudadanos las decisiones y las actividades. Aquí nos inspiramos en el “principio de subsidiaridad”: un problema no debe ser asumido por una entidad cualquiera más que si la entidad inferior no es capaz de resolverlo de una manera satisfactoria.

- AGENTES DE DESARROLLO COMUNITARIO
Animación y desarrollo comunitarios

“Simplificando la cuestión cabe diferenciar dos modos de considerar la animación, que dan lugar a dos planos de actividades diversos, tanto por el contenido de éstas como por su orientación, objetivos y alcance. En el primero de los planos, a la animación cultural corresponde la animación de las actividades de ocio y tiempo libre. En el segundo, a la animación social o sociocultural se encomienda la animación de acciones o programas de desarrollo comunitario” .

En todo caso se trata de significar que la animación para el desarrollo comunitario reviste unas características propias, que difieren de las atribuidas a la animación más estrictamente aplicada al aprovechamiento del ocio o tiempo libre. Las características de la animación para el desarrollo comunitario se derivan de la naturaleza de este trabajo y, obviamente, de los principios y postulados prácticos a que obedece, anteriormente enumerados.

El desarrollo comunitario supone una animación exigente y comprometida, ampliamente diversificada, en la que desde una perspectiva global se acotan determinados programas y acciones, que tienen muy en cuenta las coordenadas sociales y económicas de la población a la que se dirigen. En líneas generales se anteponen iniciativas de carácter extensivo, con objetivos más asequibles -movilizar y cohesionar a la población, generar cuotas de autoconfianza, desactivar estereotipos que actúan de barrera o de freno para determinados sectores o grupos, incentivar hacia futuras acciones...-, a la vez que se privilegian algunas iniciativas más localizadas -preparación y capacitación de dirigentes y responsables; satisfacción de algunas necesidades patentes...-, con fines de emulación y formulación de modelos o acciones-tipo.

La animación para el desarrollo comunitario no puede renunciar a unos objetivos profundos, a iniciativas con virtualidades de mayor consistencia, materializables sólo a medio y largo plazo. De aquí el interés de actividades que contribuyen mejor al enraizamiento de la población, a la afirmación de su identidad cultural, a la autosuficiencia de sectores económicos y sociales con particular relevancia en la zona o lugar, a la integración social de los jóvenes, a la revitalización institucional, a la generación de mecanismos y cauces regulares de reflexión colectiva.

Y más aún, destaca la necesidad de idear y conducir las actividades, cualquiera que sea la naturaleza, de forma que la participación que conllevan acierte a insertar a personas singulares y grupos constituidos en un proceso activo de educación permanente.

Tampoco puede olvidarse que el desarrollo comunitario transcurre con preferencia en el seno de comunidades o núcleos de población menos favorecidos -barrios marginados de las grandes ciudades, zonas o comarcas rurales-, donde las propuestas iniciales de los animadores sobrenadan en un clima, con frecuencia generalizado, de inoperancia y rutina, de apatía y fatalismo, de descrédito de las operaciones de ayuda exterior y de los empeños de actuación colectiva.
En estas circunstancias, para los animadores no resultan tareas sencillas suscitar y catalizar la participación, ordenarla a la consecución de objetivos y metas de una cierta entidad; impulsar a la comunidad a la acotación de proyectos, que materialicen sus principales aspiraciones, etc. Esto explica que los animadores, en el desarrollo comunitario, necesitan afrontar su trabajo con unas dosis acusadas de optimismo y tesón; de confianza en la efectividad de la animación, ejercitada con la preparación suficiente y el indispensable conocimiento del medio donde se actúa.

Los agentes

Una vez definido el marco de la acción, pueden entrar en escena las personas que van a lanzar las operaciones. Se plantean varias preguntas al respecto: ¿Quiénes son? ¿Cómo descubrirlas? ¿Cómo deben ser? ¿Qué formación deben tener? ¿Cómo organizar la dirección? Interrogaciones clave, pues los líderes-agentes son los elementos catalizadores del Desarrollo Comunitario y, más especialmente, de la participación.
La organización de la dirección

El organigrama de una unidad de acción en plena marcha puede representarse así:

delegación de poder
flujo de servicios

Asamblea Equipo central Asociaciones y (coordinador
delegada (líderes-agentes centrales) servicios centrales especialistas)

Asambleas locales Equipos locales Asociaciones, (especialistas)
de los ciudadanos (líderes-agentes locales) servicios y
equipamientos
a disposición de
los ciudadanos

Línea democrática Línea profesional

El esquema describe un modelo. Son posibles otros modos de disposición. Por ejemplo, las asambleas pueden tener un carácter de derecho público, como un concejo municipal o como un consejo provincial y proceder de elecciones previstas por la Constitución, pero pueden haber sido creadas exclusivamente con destino al Desarrollo Comunitario. En su mayoría las asambleas locales se identifican con una reunión de barrio o de pueblo y los equipos locales con las comisiones que aquellas se atribuyen. Las denominaciones que utilizo son, pues, convencionales.

A la izquierda del esquema, la línea democrática significa que el poder está en la base y asciende por delegación. A la derecha, la línea profesional muestra que todos los equipamientos, las instituciones, las asociaciones y los servicios se ofrecen para satisfacer las necesidades de la población y funcionan bajo control democrático.

Llamamos líderes-agentes centrales y locales a los representantes en quienes los ciudadanos delegan para dirigir el Desarrollo Comunitario. El coordinador y los especialistas son profesionales contratados -economistas, sociólogos, trabajadores sociales, educadores, ingenieros, agrónomos, zootécnicos, médicos, enfermeros, contables, chóferes, etc.- que animan y llevan las instituciones y las asociaciones establecidas. El coordinador es el jefe del equipo, los especialistas ocupan los diferentes puestos previstos.

Como indica la orientación de las flechas que representan las delegaciones de poder, es posible que el equipo central emane de una asamblea específica elegida, pero cabe también que los líderes-agentes centrales que lo integran procedan de diferentes asociaciones, obras e instituciones que forman el eje de acción de Desarrollo Comunitario. Como es natural, estas entidades deben poseer también una estructura democrática. Eso es lo que simboliza la flecha ascendente, sugiriendo que las asociaciones de segundo grado (o federaciones) reciben su poder de las organizaciones de base.

El equipo central es el cerebro motor del Desarrollo Comunitario. A él le incumbe preparar la investigación que precede a la elección de los objetivos de acción, concebir el plan y presidir su ejecución, coordinar y dirigir en última instancia las actividades y representar a la población. El número de personas que lo componen -por ejemplo, entre 5 y 15- queda establecido conforme a la dimensión de la región y sobre todo tomando en consideración unas exigencias de eficacia de una entidad que adopta colegiadamente sus decisiones.

El coordinador y los especialistas trabajan bajo la responsabilidad del equipo central. Son contratados por él. Desempeñan ante todo unas funciones de estudio, de consejo, de gestión, de prestación de servicio y de ejecución. Sin embargo su presencia cotidiana, su saber, su conocimiento de los expedientes, su prestigio, el margen de decisiones que se les da, les procuran un suplemento de poder que supone el riesgo de dar al desarrollo de las comunidades un tono tecnocrático. De ahí la importancia del control democrático y de la mentalidad de los profesionales del Desarrollo Comunitario.

El ejercicio de las tareas de dirección

Un perfil ideal

El análisis que acabo de hacer resulta válido para toda clase de líderes-agentes posibles, autoritario o democrático, “transaccional” o “transformador” , etc. Pero en el Desarrollo Comunitario no podemos operar con un líder-agente cualquiera. Ya se trate del coordinador o de los especialistas, de los líderes-agentes locales o de los líderes-agentes centrales, hay algunos que deben trazar un perfil ideal:

1. Ser un símbolo. Esto significa que el líder-agente encarne los valores fundamentales de la comunidad y se identifique con los objetivos que ésta se asigna. Aparece como la personificación de las cualidades que más aprecian los miembros. Estos deben poder decir de sus líderes-agentes: “estos son los mejores de nosotros”. El hombre desea encontrar en sus dirigentes la certeza de lo que “verdaderamente creen”.

2. Ser un hombre de síntesis. Esto significa que el líder-agente anime la participación, consulte, prepare y haga madurar las decisiones. Es un “partero”, no un dictador. Para desempeñar el papel está obligado a poseer una visión de conjunto. En el proceso de decisión comparte sus conocimientos, distribuye las responsabilidades, cuida de conservar la originalidad de la comunidad y su equilibrio cultural. Pero al término del proceso preside la toma de resoluciones claras y eficaces.

3. Ser creador de un clima de confianza. El proceso cooperativo en la elaboración de las decisiones supone un clima que favorezca el desarrollo de los talentos personales de todos los colaboradores. El líder-agente hace crecer a los otros. En contrapartida, puede disfrutar de un consenso general, lo que es el verdadero fundamento de una autoridad de servicio.

4. Presidir la ejecución de las decisiones. El líder-agente es también un administrador y el responsable supremo de la buena marcha de los asuntos. Ningún grupo humano puede funcionar sin un esfuerzo de organización. Esta organización, sin rigideces burocráticas, debe orientarse hacia el mejor resultado con los medios más sencillos.

Lugar y papel del coordinador y de los especialistas
El coordinador y los especialistas son “profesionales” del Desarrollo Comunitario. Aportan un determinado saber hacer, útil para la acción que hay que emprender. Según el caso, dependen de un poder público (ministerio, provincia, municipio), de una organización privada o de una organización internacional. Es indispensable que estos “profesionales” ejerzan su oficio a jornada completa, según las cláusulas de un estatuto definido. La experiencia demuestra que la fórmula del voluntariado es demasiado aleatoria y no ofrece en absoluto garantía para la continuidad en la acción.
Aunque la cualificación profesional del coordinador y de los especialistas (sociólogo, economista, trabajador social , etc.) resulta importante, es en sí misma insuficiente. Sólo dará sus frutos asociada a una serie de cualidades que no se aprenden en los bancos de la universidad.
Así sucede con el sentido pedagógico. Saber transmitir sus conocimientos, ponerse al nivel de los miembros de la comunidad, traducir su saber en su lenguaje, insertarlo en su universo, engarzarlo con lo que ya saben.

Todo esto supone conocimiento de la cultura, de las costumbres, de las técnicas locales para poder injertar las innovaciones en las realidades existentes. Habida cuenta de los numerosos escollos que existen, resulta siempre útil dejar un tiempo de aclimatación antes de actuar: para descubrir los problemas de una manera más existencial, para conocer a la gente y darse a conocer, para realizar vistas protocolarias.

Con objeto de reducir la incertidumbre, es aconsejable que se inicie la acción modestamente, en pequeñas cantidades, con escasos medios económicos, con la participación de un público representativo de la población. Es preciso cometer, reconocer y corregir los errores cuando no sean todavía amenazadores.

El profesional del Desarrollo Comunitario procede de un ambiente social distinto del de un público al que se dirige. Esta diferencia debe interpelarle e invitarle a adoptar un estilo compatible con su trabajo. La sencillez de sus modales y de sus condiciones de vida es desde luego la mejor línea de conducta. El subproletario no esperará de su asistente social que viva en una chabola ni el africano de una aldea pedirá a su ingeniero agrónomo que se aloje en una choza. Pero uno y otro tienen derecho al respeto, a la consideración, a unos servicios atentos, sin escatimar. A decir verdad, la primera cualidad que se puede esperar de alguien en la vida profesional, sea cual fuere el puesto que ocupe, es que sea fiable, una persona con la que siempre se pueda contar.

La tarea del Desarrollo Comunitario sólo tiene sentido cuando quienes la ejercen aman a los hombres, tal y como son y por sí mismos. Para esto es preciso ser sociable, saber “perder el tiempo” en los intercambios, participar en las fiestas, poseer el don de exteriorizar sus sentimientos, del gesto espontáneo, de la frase oportuna, saber “hacer honor a...”.

Ser delicado, es decir respetar y practicar las convenciones y los ritos, aunque sean extraños (¿pero no lo son siempre y en todas partes?), las fórmulas de cortesía que prevalecen e incluso las que. a veces desconocidas en ese ambiente, son expresión del respeto por el hombre o la mujer y por su dignidad.

Existe, sin embargo, un doble riesgo: el profesional puede quedar de tal modo absorbido por el ambiente que acabe por dejar de ser el catalizador, el necesario movilizador. Puede incluso caer en la indiferencia frente al monótono retorno de los mismos problemas. El otro riesgo surge cuando la comunidad se manifiesta reticente a las iniciativas; el profesional reconoce su fracaso en cuanto exclama: “No hay nada que hacer con esta gente”. Por reacción puede entonces volverse autoritario y pretender imponer sus soluciones.

Trabajar con hombres exige pues, ante todo, la virtud de la perseverancia. Volver a empezar siempre que sea necesario, sin perder la esperanza.

Hacia el descubrimiento de líderes-agentes
Identificar líderes-agentes

La estructura del leadership es indudablemente una de las características más significativas de toda comunidad local y regional y uno de los elementos determinantes de toda iniciativa que se proponga en este marco. Se impone, pues, su descubrimiento.

Posibles preguntas

La búsqueda en este terreno puede inspirarse en un guión de preguntas entre las cuales las más importantes son las siguientes:

- ¿Cuáles son las personas a quienes los demás juzgan dignos de ser imitados? ¿Cómo se propaga y se transmite su modelo de conducta?
- ¿Cuáles son las personas cuyas opiniones y tomas de posición pesan en la formación de la opinión pública? ¿Cómo contribuyen estas opiniones y declaraciones a formar las ideas y los sentimientos que prevalecerán?
- ¿Cuáles son las personas consultadas en determinadas circunstancias? ¿Qué circunstancias? ¿Por qué? ¿Cómo?
- ¿Cuál es la estructura del poder? ¿Quién controla los diferentes recursos del poder económico, político, administrativo, cultural, profesional y sindical, militar, etc? ¿Cuáles son las modalidades de elaboración de las decisiones en las diferentes esferas de la sociedad?
- ¿Quiénes son los líderes-agentes de posición, los líderes-agentes de función, los líderes-agentes naturales? ¿Cuáles son las relaciones entre estas diversas categorías?
- ¿Cuál es el modo de ejercicio habitual del poder del líder-agente? ¿Son autoritarios los líderes-agentes? ¿Imponen su voluntad? ¿Son paternalistas? ¿Son portavoces? ¿Actúan mediante una influencia discreta? etc.
- ¿En qué medida y hasta qué grado son reconocidos los líderes-agentes por la población? Aquí cabe considerar, al menos tres hipótesis. La primera: el leadership está unido, es legítimo, se halla reconocido y es seguido por la población. La segunda: se ha producido una ruptura entre la población y los líderes-agentes y éstos han perdido su legitimidad. La tercera: la comunidad está dividida (ideológicamente, políticamente, religiosamente, étnicamente, territorialmente, socialmente, etc.) y cada agrupación posee su propio leadership; las modalidades de coexistencia entre los diferentes campos pueden ir desde la alianza hasta la hostilidad manifiesta.
- ¿ En qué sentido se ejerce el leadership? Esta cuestión es capital para el Desarrollo Comunitario: ¿Se muestran los líderes-agentes abiertos o cerrados a las innovaciones? ¿Cuáles son sus intereses? ¿Residen sus valores en el campo político, en el económico, en el social, en el religioso, etc.?
Para obtener unas respuestas a estas múltiples preguntas se puede combinar varios métodos, entre los cuales destacan las entrevistas con informadores privilegiados y la observación.
Entrevista

Los informadores privilegiados dentro de una comunidad son las personas que, por su formación, su profesión, sus contactos o su posición, poseen un conocimiento más completo y más profundo de la situación y de las relaciones sociales y se hallan en disposición de ilustrarnos (por ejemplo, los enseñantes, los miembros del clero, los notarios, los médicos, los responsables políticos y administrativos, etc.). La entrevista es una forma de recogida de información que carece de formalismo y busca la espontaneidad de la conversación, aunque se halle orientada por un guión de preguntas que formular.
Observación

La observación se hace posible en cuanto el investigador está lo suficientemente familiarizado con la comunidad como para poder interpretar con certeza lo que sucede. En caso de observación, el investigador se encuentra en medio de los procesos sociales. Se muestra especialmente atento a los hechos “reveladores” de los diferentes aspectos del fenómeno de leadership. Teniendo mentalmente presentes las preguntas que constituyen su guía de observación, se pone a buscar situaciones y acontecimientos que manifiesten el ejercicio del leadership.

Así, el leadership es reconocible a partir de una serie de atributos observables: ¿A quién se muestra respeto? ¿Cuáles son las precedencias? ¿Cómo se colocan los asientos en una reunión? ¿Quiénes son las personas escuchadas? ¿Cuántas veces toma la palabra fulano o mengano? ¿Quién es el que sugiere o impone la conclusión? etc.

El procedimiento es inductivo; se anotan los hechos reveladores, se determina su significado y a partir de ahí se remonta uno a lo esencial: el descubrimiento de las estructuras del poder, de los centros de decisión y de los modos de decisión.

Elegir a los líderes-agentes

Después de identificar a los líderes-agentes, las relaciones entre ellos y con la población y sopesado su poder, se plantea la pregunta crucial: ¿Con quién trabajar?

El problema resulta más fácilmente dominable cuando la comunidad es homogénea y sus dirigentes disfrutan de una popularidad indiscutible.

¿Pero qué hacer cuando la comunidad está dividida: unos son progubernamentales y los otros, antigubernamentales? ¿O cuando los habitantes de tal pueblo no quieren colaborar con los de tal otro? ¿O cuando los líderes-agentes tradicionales, en ejercicio, son impugnados por jóvenes candidatos a los puestos de mando? ¿O cuando son marcadas las diferencias de clase o de etnia y manifiestas las relaciones de desigualdad, de dominación quizás?

En estas circunstancias, las decisiones que hay que tomar son inevitablemente políticas; teniendo en consideración el público al que el Desarrollo Comunitario debe dar prioridad en razón de sus necesidades, descubrimos a los hombres y a las mujeres que son allí los líderes-agentes reconocidos o que tienen posibilidades de llegar a serlo.

No existe regla técnica universa que pueda enunciar la manera de elegir o seleccionar a los miembros del equipo central o de los equipos locales de Desarrollo Comunitario. No existe más que un principio general: los líderes-agentes debe surgir según las modalidades reconocidas como legítimas por la población. Estas modalidades están culturalmente condicionadas y varían en consecuencia de un país a otro.

Cabe sin embargo afirmar que si, en una primera fase, cuando la iniciativa procede de una agencia de Desarrollo Comunitario, los líderes-agentes son presentados por los “profesionales” de esta agencia, en una segunda fase, la norma debe ser la elección de los miembros de los equipos centrales y locales.

Para asegurar la unidad, la cohesión y la eficacia de los equipos, es preciso subrayar algunos criterios que habrá que observar en su constitución.

Criterios de reclutamiento

- Debe hacerse a base de voluntariado. La ausencia de toda ventaja material y la exigencia de pagar con la propia persona y con el propio tiempo son las que garantizan el desinterés y el espíritu de servicio de los miembros.
- Estos deben disponer también de cierta formación o de una experiencia lograda en un movimiento cualquiera (social, religioso, juvenil...).
- Deben proceder de un ambiente social que no esté alejado de la mayoría del público, permitiendo comunicaciones fáciles y el establecimiento de relaciones igualitarias.
- Finalmente, existe además el criterio de la edad. Un mínimo: la edad a partir de la cual se hace aceptable un leadership en una determinada cultura. Un máximo: la edad que permita el dinamismo necesario para las iniciativas y la acción sostenida.
Encontrar líderes-agentes locales es tanto más difícil cuando el nivel de formación de la población resulta poco elevado. En muchos países del Tercer Mundo, el factor más raro es el de los hombres cualificados en las aldeas y los barrios populares. Si la región se encuentra sometida a un movimiento migratorio, el riesgo mayor es justamente la partida de los más desenvueltos y los más inteligentes.
Por fortuna, hay casi siempre figuras con las que podemos contar: el profesor (o la profesora) de una escuela, tal o cual notable estimado, tal o cual titulado dispuesto a la tarea... Podemos así ampliar la noción de líder e invitar a colaborar a toda persona que ejerza una cierta influencia en su vecindad y se muestre capaz de desempeñar un papel en la transmisión de los conocimientos o de las actitudes.
Hay que evitar un escollo. Corremos a menudo el riesgo de encontrar a personas más o menos aisladas que revelan mucho entusiasmo por cooperar. Su motivación es sospechosa si se trata de individuos sin status reconocido, sin prestigio, porque pueden considerar el Desarrollo Comunitario como una ocasión de valorarse o de emprender su ascensión social. Estas personas son consideradas por los demás como ambiciosas, no representativas, indignas de ser seguidas.

LA COMUNIDAD. MARCO CONCEPTUAL.

LA COMUNIDAD. MARCO CONCEPTUAL.
· INTRODUCCIÓN
· MARCO CONCEPTUAL

1.- INTRODUCCIÓN
La concepción del término comunidad nos remite a realidades que configurativa, mental y afectivamente nos remite a realidades claramente diferenciadas. E uno de los vocablos que tienen profundas raíces vinculadas al sentimiento identificativo y la vivencia de la pertenencia. En cierto sentido ha sustituido al de familia, en relación con determinadas agrupaciones, con un marcado y reconocido socialmente, aspecto autónomo y permanente. Las comunidades religiosas, las comunidades primitivas, las comunas, etc.
La inclusión del desarrollo comunitario como una de las prestaciones básicas atribuidas a los CEAS, con referencia expresa a la implicación de “la sociedad en la mejora de las condiciones de vida, a través de la participación ciudadana, estructurada fundamentalmente a través de los Consejos Sociales” , obliga a clarificar estos términos y a buscar los referentes operativos que la delimitación territorial, identificación colectiva y espacio de prestación de los servicios básicos instituye legalmente.
Los Consejos Sociales, entendiendo que en ellos están representados los responsables, líderes naturales organizados en el movimiento asociativo, cargos públicos elegidos por los ciudadanos, etc., son la plataforma formal que aglutina a los principales agentes de desarrollo, que deberán ser completados con los que, en cada caso, tengan un prestigio y reconocimiento otorgado por grupos o colectivos.

La comunidad, como referente del territorio no es operativa en los niveles de intervención de los animadores. Es decir, no es posible tomar “toda la comunidad como unidad y objeto de la intervención de un profesional, por ello, es condición obligada diferenciar los rasgos y elementos de la globalidad, así como las estructuras operativas en las que se articulan: grupos, colectivos, familias, servicios...

2.- MARCO CONCEPTUAL

El término comunidad es uno de los más utilizados en las ciencias sociales, para designar realidades muy diversas: pueblo, barrio, conjunto de provincias, de países, etc. Existen una serie de rasgos comunes que tienen que ver con un área geográfica determinada, la estructura social y el sentido de pertenencia.

Según Ander Egg: es una agrupación organizada de personas que se perciben como una unidad social cuyos miembros participan de algún rasgo, interés, objetivo o función común, con conciencia de pertenencia, situados en una determinada área geográfica en el cual las personas interaccionan más intensamente entre sí que en otro contexto.

Distinguimos tres elementos o rasgos que dan sentido a la comunidad:
· Unidad social
· Conciencia de pertenencia
· Interacción de las personas

Subrayemos la conciencia de pertenencia como condición ineludible para la participación, ya que un miembro es activo cuando:
· está integrado en la comunidad
· conoce la comunidad
· conoce estrategias para alcanzar el poder (capacidad de)

Por otra parte debemos señalar que la palabra comunidad tiene unas implicaciones sociales determinadas, es decir, la sociedad comparte lo comunitario y lo social a partir del establecimiento de límites que determinan las fronteras de lo considerado o no como tal. Estos límites son, en ocasiones, difusos y depende del contenido concreto que se le atribuya en función de criterios de operatividad.

Lo comunitario tiene que ver con relaciones directas, primarias, típicas de las sociedades configuradas a partir de interacciones claramente identificadas. Aunque se ha atribuido esta característica a las comunidades primitivas y rurales, se da en dimensiones y extensión en zonas que se configuran con ciertos rasgos vinculantes. Las relaciones, cuanto más delimitado y asilado sea el límite, son más estables y profundas, lo cooperativo prevalece sobre lo competitivo, se primándose las relaciones basadas en los sentimientos, lo que tiene efectos positivos para la solución o disminución de los conflictos.

Es este concepto, el comunal, el que se considera fundamentalmente en la Animación Comunitaria, que incide fundamentalmente en los aspectos relacionales basados en los intereses comunes y la necesidad de buscar y llevar acabo respuestas organizadas a los múltiples problemas que se comparten. Este término no se entiende sin los acontecimientos vinculantes entre personas que residen, interaccionan en un espacio delimitado: asociacionismo, solidaridad, participación, autoayuda, ...

M. Marchioni destaca el valor de este concepto como “base y dimensión inicial del desarrollo, puede ser una entidad que reacciona a los estímulos exteriores producidos por el trabajo...” dimensión funcional, que aparece como:

1. Una concentración geográfica de individuos, unidos en familias.
2. esta concentración está caracterizada por una serie de problemas y por unas actitudes hacia ellos,
3. frente a estos problemas y actitudes, se encuentran diversidad y universalidad de intereses, que determinan una particular situación de hecho.

Una unidad de vida: factores

La comunidad que será el escenario de una política de Desarrollo Comunitario debe formar una unidad de vida, es decir un espacio relativamente homogéneo caracterizado por la cohesión entre los que lo habitan. Esta cohesión es el fruto de los lazos que unen a los ciudadanos y que se distinguen netamente de los lazos que les ligan a los espacios vecinos. (necesidades y servicios comunes; referentes culturales y valores compartidos...)

Los lazos que se tejen y que definen la comunidad son diversos. Cuanto, más numerosos son, más fuerte es la cohesión. Así sucede, por ejemplo, en caso de identidad de cultura, de religión y de interés económico. Por el contrario, la cohesión es más débil y resultan más reales las posibilidades de conflicto cuando la colectividad conoce divisiones o puntos de ruptura. Tal sucede, por ejemplo, en caso de diversidad étnica o política o cuando son considerables las distancias entre las clases sociales.

Los factores que parecen más determinantes y que han sido destacados por diversos autores, para constituir una unidad de vida, son:

Factor geográfico

Se trata, en parte, de los datos de la Naturaleza: una cuenca, una cadena de montañas, un valle o una costa pueden trazar límites u ofrecer la base a una unidad de vida. Pero unos datos creados por el hombre pueden desempeñar también este papel: las líneas ferroviarias, las autopistas, los canales, etc., cortan o facilitan los contactos.

Factor económico

Se descompone en múltiples elementos: el radio de acción de un mercado o de varios mercados interdependientes, la implantación de zonas industriales, la especialización de las actividades (por ejemplo, una región vinícola o un importante centro textil, etc.,) una red bancaria...

Factor administrativo

Desde este ángulo resultan claros los límites pues las ciudades, los barrios, las provincias, los distritos, los departamentos, las prefecturas, las gobernaciones...tienen sus fronteras precisas, y su campo de competencia se halla determinado por la ley. Estas son divisiones importantes del territorio nacional, a las que corresponde una instancia específica del poder ejecutivo, con frecuencia una circunscripción electoral, una autonomía de gestión más o menos grande, todo un conjunto de servicios públicos, unos tribunales, unas escuelas, unos hospitales, etc.

Los factores geográfico, económico y administrativo determinan la red y la densidad de los flujos constituidos por los desplazamientos de los hombres y de los bienes. La movilidad hacia un determinado punto, es cada vez más importante en la determinación de los factores de interrelación. Las modernas redes de comunicación, el incremento de la movilidad y la nueva dimensión introducida por los medios de comunicación social, son cada vez más influyentes en la determinación de factores definitorios de comunidad. No obstante este análisis es planteado por varios expertos como factor desidintificador de la comunidad, cuestionando su existencia por la mundialización de los valores, costumbres, etc. La importancia de ciertos “lugares o acontecimientos” en la atracción de las movilizaciones de las personas, debe analizarse como uno de los elementos que pueden desviar el carácter territorial aquí atribuido.

Factor socio-cultural

Los rasgos compartidos, tanto de valores, costumbres, celebraciones o manifestaciones culturales, son un elemento identificativo de los miembros de una comunidad. El descubrimiento de este factor exige, en la mayor parte de los casos, una investigación de campo y la identificación empática de su particular significado. Constituye así mismo el primer indicador visible del grado de aceptación de una comunidad determinada. Deberá precisarse: la superficie a la que se extiende una costumbre, una mentalidad, un folklore, etc.; el valor que atribuyen a determinas costumbres y los vínculos (profundidad y efectos) para introducirlo, a efectos diagnósticos y de intervención.

Factor demográfico y ecológico

Una población se distribuye en el espacio con una densidad más o menos grande, adopta unas diferentes formas de hábitat. Todo lo que se asemeja, todo lo que se halla concentrado debe ser reunido porque éste es también el signo de la presencia de una comunidad.

Factor religioso

Desempeña igualmente un papel cuando una iglesia participa en los esfuerzos sociales de la población. En este caso hay que tomar en consideración los límites de una diócesis o de una parroquia.

Afinidades de la población

Finalmente, el factor principal, las afinidades de la población, o elementos identificativos: ¿A qué entidad siente cada uno que pertenece?

Las fronteras de la comunidad se determinan refiriendo a un mapa los trazados de los límites que sugiere cada factor. Si coinciden estos trazados, o su mayor parte, la configuración de la comunidad se precisa nítidamente. Si no se superponen, es preciso establecer entre ellos una jerarquía: los factores más importantes serán decisivos. El grado de importancia de un factor depende del tipo de actividades que se pretendan emprender. Si proyectamos crear unas cooperativas, los límites económicos de la comunidad pasan a ser prioritarios.

La dimensión de la comunidad posee ciertos límites inferiores y superiores que no se pueden sobrepasar. Esta dimensión viene determinada por la extensión del territorio que fija el límite superior. Una unidad de vida debe poseer un tamaño que permita la participación de los miembros y su acceso a las decisiones principales, y que no obstaculice las comunicaciones. Una comunidad no debe, pues, rebasar “la escala humana”.

El límite inferior está fijado, en muchas ocasiones, por el tipo y calidad de los servicios que hay que prestar; es preciso conseguir una proporción óptima entre el número de habitantes a atender, por un lado, y el número de personas profesionales comprometidas o adscritas, así como el equipamiento disponible, por otro.

La delimitación precisa de los marcos de la acción es necesaria para valorar las posibilidades de intervención. Los CEAS tienen un espacio delimitado territorialmente, que constituye a su vez la delimitación territorial, a efectos de su consideración como comunidad. E criterio utilizado en este caso es principalmente el geográfico, por lo que suelen ser poco homogéneos y con rasgos identificativos difuminados en lo cultural y referencial. En estas delimitaciones administrativas, lo funcional impera sobre lo cultural, ya que la mayor parte de las interacciones se producen en el ámbito de la utilización de servicios, o en su caso, la agrupación para impulsar la creación de otros.

Si, por ejemplo, la unidad adoptada comprende unas poblaciones que no se entienden, aumenta el riesgo de los conflictos.
Si, otro ejemplo, la configuración adoptada no ha incorporado el mercado central de la región, una actividad que trate de mejorar los rendimientos agrícolas, por eficaz que sea, ve anulados sus resultados por el juego de los precios que se deciden en el mercado cuyo dominio escapa a los productores.
“ A modo de crítica”

Resulta interesante preguntar qué imágenes suscita el término comunidad, especialmente cuando los interrogados son profesionales diversos vinculados a servicios sociales, entendiendo a estos últimos en el más amplio de los sentidos. Es un ejercicio que se ha realizado algunas veces de manera informal y que, por tanto, no nos autoriza a tratarlo con más pretensiones. De todos modos, hay algunos elementos que aparecen reiteradamente y que vale la pena mencionar, aunque sea superficialmente.

En primer lugar, es significativo que la comunidad, como forma abstracta de representarse la vida social, parece construida sobre la oposición dentro/fuera, que es una forma de representar la dicotomía nosotros/ellos. Estas categorías de inclusión y exclusión son buenos ejemplos de la tendencia universal a estructurar el pensamiento, de manera espontánea, en base a oposiciones binarias, sobre las cuales se producen las representaciones simbólicas y el mismo lenguaje. Esto marca límites y establece discontinuidades artificiales con la finalidad de hacer las cosas identificables y, por tanto, controlables (Leach, 1989: 45-49).

Quizás buena parte del éxito del término comunidad y sus derivados obedezca a esa capacidad simbólica de ordenar el mundo social, haciéndolo más asequible y manejable de lo que es en realidad.

En segundo lugar, las imágenes suscitadas por la comunidad tienden a simplificar y a homogeneizar las estructuras y relaciones sociales, sugiriendo una imagen de armonía que excluye el conflicto y que excluye la existencia del poder. Eso sí, algunos profesionales imaginan a esa comunidad articulada alrededor de los servicios donde trabajan, representación que descubre una percepción condicionada por los intereses profesionales. De todas maneras, la fiesta es el hecho que más parece sugerir la idea de la comunidad.

La fiesta es una de esas ocasiones en que la cotidianidad se interrumpe y sus normas y estructuras se alteran, incluso invirtiéndose. Responde al concepto de communitas, propuesto por Turner como opuesto al de estructura. La situación de communitas se caracteriza por la aparente desaparición temporal de las barreras, jerarquías y normas sociales vigentes, surgiendo con caracteres de excepcionalidad entre dos períodos en los que aquellos factores son visiblemente dominantes (Turner, 1988: 132-145).

Finalmente, se atribuyen frecuentemente a la comunidad cualidades intelectivas y volitivas. Se dice que la comunidad “discute”, “decide”, “pide” o “hace”. Esta unicidad resulta absurda en el contexto de nuestras sociedades complejas y sugiere una imagen de ágora ateniense del todo anacrónica. Si en esta última se ocultaba una ociosidad posibilitada por el trabajo esclavo, en las representaciones de la comunidad existe el peligro de confundir a ésta con sus agentes activos o con los grupos organizados existentes en su interior. La comunidad, a efectos prácticos, sería suplantada por algunos elementos visibles. Este fenómeno también nos remite al anterior binomio communitas/estructura. En efecto, las situaciones de communitas son también propias de los momentos históricos de cambio, en los que el orden anterior se desmorona, dándose una percepción de la vida social que puede definirse, utilizando una frase emblemática, por la libertad, la igualdad y la fraternidad. Consolidado el cambio, otras normas y jerarquías determinarán una nueva situación de estructura (con la consiguiente sensación de desencanto popular).

En nuestro pasado reciente, la transición política fue un período con abundantes momentos de communitas. La acción de los movimientos vecinales, entre otros, daban un sentido al adjetivo comunitario. No tanto como referencia a una comunidad ideal, si no como expresión de una etapa de communitas, necesariamente transitoria. Aquí podríamos apostillar que la ventaja de la propuesta de Turnes sobre la de Tönnies reside en que presenta como transitorio y desestructurado lo que el segundo quiso ver como permanente y estructurado. En cualquier caso, el auge de lo comunitario, en campos muy variados, coincide con la crisis final del franquismo y la transición, que al desembocar en un tiempo “normal” de estructura, se ha vaciado de sentido y se ha convertido en una referencia vaga, entre nostálgica y utópica.

Vale la pena subrayar que las imágenes espontaneas de la comunidad comportan, además de una idealización de las relaciones sociales, una simplificación de la realidad, ocultando la importancia primordial de la complejidad en nuestro mundo social. Esta última pone de relieve las carencias conceptuales para abordarla y analizarla (Mitchell, 1980: 58). Una cosa es sostener una metáfora que condensa nuestros deseos, actitud perfectamente comprensible y hasta cierto punto defendible, pero otra muy distinta huir del problema de la complejidad utilizando como refugio una referencia utópica. Es en esas condiciones que lo utópico se convierte en un obstáculo para el conocimiento y la acción: “(...) a toda utopía pensada, hablada o escrita en un momento determinado le llega el día en que es demasiado simple con respecto al potencial real de la complejidad que exhibe la dialéctica sistema-entorno”

BIBLIOGRAFÍA
· Rudolf Rezsohazy (1988) “El Desarrollo Comunitario” Narcea. Madrid.
· REVISTA DE SERVICIOS SOCIALES (1991) Josep Canals “Comunidad y redes sociales: de las materias a los conceptos operativos”, Natalio Kisnerman “ La Intervención Comunitaria”Julio-Septiembre, Madrid.
· REVISTA DE SERVICIOS SOCIALES (1986) “Desarrollo de la Comunidad” Enero-Marzo, Madrid.
· REVISTA DE SERVICIOS SOCIALES (1986) “Desarrollo Comunitario e Intervención Social” Octubre-Diciembre, Madrid.
· Edward C. Lindeman (1921): “The Community” Association Press.New York.Citado por E. Ander-Egg “El papel de la comunidad en la planificación y ejecución del desarrollo nacional” en “Cursos y Documentos” del IEPAL. Madrid.
· Arthur Dunham (1964) “Los principios del desarrollo comunal” Revista “Panoramas”, México

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