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SERVICIOS SOCIOCULTURALES Y A LA COMUNIDAD - BURGOS

OBAMA Y EL DESARROLLO COMUNITARIO

En el principio fue Chicago
Domingo, 09-11-08
No por accidente, Barack Obama eligió la ciudad de Springfield, en Illinois, para anunciar su candidatura a la Casa Blanca. Algo que muchos pensaron que no era más que un brindis al sol. Springfield fue el hogar de Abraham Lincoln -el primer presidente republicano de la historia de EE.UU. - durante 17 años.
Ex parlamentario en Illinois, alcanzó eco en todo el país gracias a su elocuencia. No pierde la calma ni la elegancia cuando está sometido a presión -«un tipo difícil de conocer al que le gustan los chistes y los cuentos»-, siempre contenido. Licenciado en leyes, podría ser definido como un «estoico moderado». Como político, hace más hincapié en el análisis que en las personalidades. Cuando llega a la máxima magistratura es criticado por su inexperiencia y por no respaldar ciegamente a las tropas involucradas en una guerra contra un país que de ninguna forma «inquietaba o era una amenaza para Estados Unidos».
Parece un retrato a vuelapluma del presidente-electo. Y, sin embargo, es una síntesis de su más famoso antecesor, que fraguó parte de su carrera y personalidad en Illinois y en su ciudad más emblemática, Chicago. Abraham Lincoln. Los paralelismos los extrae Michiko Kakutani, la implacable crítica de libros de «The New York Times», al celebrar la aparición de «Lincoln. Biografía de un escritor», de Fred Kaplan.
«La visión política de Obama se formó durante sus tempranas experiencias como organizador comunitario en Chicago», relata David Moberg en el semanario «The Nation». Fue Jerry Kelleman, un activista social que trabajaba en el profundo South Side con el respaldo de una red de iglesias de la zona formada por «blue-collar workers» -trabajadores de mono azul: blancos, negros y latinos empobrecidos por el cierre de las empresas metalúrgicas- quien, al llamar a Obama, acabó trazando el destino de alguien que todavía buscaba sus raíces, saber quién era y qué podía llegar a ser. Kellman andaba a la caza, allá por 1985, de un tipo con agallas que se ocupara del Proyecto para Desarrollo Comunitario, centrado en barrios negros. Y el flamante titulado por la Universidad de Columbia, con 24 años, impresionó profundamente a la directiva de la red.
Esos tres años de intensa actividad política a ras de tierra, con la clase obrera y más abajo -recuerda Moberg-, no transformó el degradado paisaje del South Side ni reabrió las viejas factorías, pero cambió para siempre a Obama.
Afinó su oído político (escuchar es uno de sus talentos), afiló su retórica (y la música, gracias a la Trinity United y su polémico pastor, el ahora cuestionado Jeremiah Wright), conoció a Michelle (su futura esposa, su toma de tierra) y estrechó los lazos políticos con el poder demócrata en Chicago que hizo que en 2004 se convirtiera en senador por Illinois, la «patria» elegida de Lincoln.
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