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SERVICIOS SOCIOCULTURALES Y A LA COMUNIDAD - BURGOS

INMIGRACIÓN

En Burgos están a salvo

Accem da cobijo en tres pisos a 15 extranjeros perseguidos en sus países por su raza, religión o condición sexual

La organización tiene en Burgos varias aulas para enseñar el español a los inmigrantes. En la imagen de abajo, Olga Aguilar, responsable de Accem en Burgos.

Valdivielso
I. Elices / Burgos

Llegan a España con el estigma del sufrimiento marcado a fuego -a veces literal- en sus rostros. Han huido de sus países de origen tras años de persecuciones por ser de otra raza, creer en un dios diferente al de la mayoría, por sus opiniones políticas o por su condición sexual. Y el destino, por fortuna, los ha traído hasta un país en el que la Convención de Ginebra -más en concreto el Estatuto del Refugiado- despliega todo su amparo legal para garantizar su seguridad.
Muchos de esos extranjeros que piden asilo político acaban en Burgos, en concreto en alguno de los tres pisos que Accem dispone en la capital para dar cobijo a refugiados. Solo la organización sabe dónde se sitúan, ya que para su seguridad resulta fundamental mantener en secreto su ubicación.
Los extranjeros no obtienen la condición de refugiados de forma inmediata. De hecho, el proceso es lento y farragoso. El primer trámite es solicitar el asilo, algo que pueden hacer en los aeropuertos españoles, en las comisarías o en la Oficina de Asilo y Refugio (OAR) -Ministerio del Interior, situada en Madrid-. Tras este paso, un instructor examina el caso, tras prestar testimonio el interesado con la ayuda de un abogado y un intérprete. Y bien lo desecha, bien lo deja pendiente de admisión o bien lo admite a trámite directamente.
En estos dos últimos casos la OAR inicia el procedimiento para encontrar un lugar de acogida para estos extranjeros. Y se pone en contacto con Accem, según explica la responsable de la asociación en Burgos, Olga Aguilar. La organización, por su parte, deriva a estos solicitantes de asilo a las distintas provincias donde la asociación tiene pisos de acogida para que allí sean atendidos.
En Burgos están refugiados en la actualidad 15 personas, nueve hombres y seis mujeres. De ellos, tres son menores, uno es un bebé y los otros son dos chicas en edad de ir al instituto. Son de diversas nacionalidades: afganos perseguidos en diferentes regiones del país por los talibanes; colombianos, la mayoría de ellos amenazados de muerte por la guerrilla de las FARC; argelinos perseguidos por el Gobierno radical islámico por su condición sexual -la homosexualidad allí está penada-; Burundi y Costa de Marfil, en ambos casos por violación de derechos fundamentales sobre minorías étnicas en sus respectivos conflictos bélicos.
Tras años temiendo por su vida y por la de sus familias se las ingeniaron para salir de sus países y llegar a algún sitio donde ni por su opción política ni por su raza ni por su religión fueran objeto de persecución ninguna. Su llegada a España y a Burgos les devuelve la esperanza en un futuro que de seguir en sus países de origen hubiera sido más ‘corto’ y más lastimoso.
Pero en España las cosas no son precisamente fáciles. En los pisos de acogida de Accem pueden estar seis meses, «como mucho nueve si los extranjeros presentan especiales condiciones de vulnerabilidad -una mujer que haya dado a luz o una persona en precario estado de salud», indica Aguilar.
El principal obstáculo que la mayoría ha de salvar para avanzar en su integración en la sociedad española es el idioma. De hecho, la organización, nada más llegar a Burgos, los apunta a clases de castellano. Al mismo tiempo, Accem desarrolla un plan de inserción laboral personalizado con objeto de encontrar la mejor ocupación para cada perfil de refugiado.
Para muchos no es fácil. «Algunos de los que vienen tienen un gran nivel cultural, estudios universitarios, pero vienen aquí y no pueden ejercer porque sus títulos no están homologados; ¿qué les queda, la construcción? Intentamos que puedan acceder a otros empleos más acordes a su formación», afirma Aguilar.
Por ejemplo, desde 2002 -cuando Accem inició su andadura en la provincia-, por los pisos de Burgos ha pasado más de un juez colombiano amenazado por la guerrilla y «como es lógico no ha podido desempeñar aquí su trabajo», se lamenta la responsable de Accem en Burgos.
Sobre la adaptación de estos extranjeros a las condiciones de vida españolas y a Burgos en particular, Aguilar asegura que «no tienen especiales problemas de integración». Tras años intentando encontrar su sitio en un país que no los quería o directamente los discriminaba, aterrizar en un territorio en el que impera un clima de total libertad constituye un acicate para su integración.
Y la mayoría de los refugiados que pasan en Burgos sus primeros meses de acogida terminan quedándose en la provincia, según afirma Aguilar, «lo que indica que los extranjeros valoran positivamente tanto la capacidad de acogida de su sociedad como las posibilidades de desarrollo laboral que ofrece».
Desde febrero de 1991, Accem está registrada como Asociación sin ánimo de lucro en el Ministerio del Interior. Pero la trayectoria y la experiencia se remonta hasta 1951, cuando comenzó a trabajar atendiendo a los españoles que emigraban a otros países como Alemania, Francia o Bélgica.
Tras la firma de la Convención de Ginebra por parte del Estado español, comienza a trabajar con refugiados en tránsito, procedentes en su mayoría de Polonia y Cuba, facilitándoles el reasentamiento en terceros países.
Con el tiempo España dejó de ser un país de tránsito para empezar a proporcionar refugio, desde cambio en las circunstancias provocó que Accem dirigiera sus esfuerzos hacia la atención y acogida de refugiados, solicitantes de asilo y desplazados.
Posteriormente, España dejó de ser un país emisor de emigrantes para constituirse en un país receptor de inmigrantes. Las nuevas necesidades y demandas sociales derivadas de esto, hicieron que el trabajo se orientase hacia la atención de este colectivo.
Así llega al momento en el que Accem comienza a profesionalizar los servicios y a incrementar su presencia en la geografía española y comenzamos a participar activamente en Redes Europeas. En Burgos se implanta en 2002. En la actualidad cuenta con 10 trabajadores y 13 voluntarios.
Iraq se convirtió en 2007 en el segundo país en número de solicitantes de asilo en España, con un total de 1.598 solicitudes -el primero fue Colombia con casi 2.500 peticiones-. El incremento es espectacular si se tiene en cuenta que en 2005 fueron 41 las solicitudes tramitadas y en 2006 fueron 42. La situación de violencia que vive el país ha provocado que más de cuatro millones de personas hayan tenido que abandonar sus hogares. La mitad de ellas se ha desplazado a otras regiones del país.
Se estima que existen alrededor de dos millones de personas refugiadas en los países vecinos como Siria, Jordania, Egipto, Líbano o Irán. La mayor parte de las solicitudes de asilo en España de ciudadanos iraquíes se realizaron en las embajadas españolas en esos países.
El total de las solicitudes de asilo registradas en el Estado español creció desde las 5.300 del año 2006 a las 7.662 de 2007. Aumentó el número de solicitantes de los seis principales países de procedencia, con excepción de Marruecos. Un año más, encabeza esta lista Colombia, con un total de 2.497 solicitantes de asilo de nacionalidad colombiana, evidenciando la continuidad del largo conflicto que vive el país latinoamericano.
El Estado español reconoció el Estatuto de Refugiado a un total de 204 personas, que equivalen al 3,14 por ciento del total de casos resueltos. Otras 340 personas obtuvieron, al menos, algún otro tipo de protección. Por el contrario, fueron 5.697 las solicitudes de asilo rechazadas o no admitidas a trámite.    

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